La población hace una encuesta para decidir si mandamos a los políticos españoles al MV Hondius 2 de cuarentena o los dejamos dando vueltas por el mar hasta nueva orden

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La última genialidad nacional consiste en someter a votación popular el futuro de los políticos españoles: cuarentena a bordo del MV Hondius 2 o, directamente, envío a deriva administrada por el Atlántico con derecho a brújula y muy poca gloria. La propuesta ha nacido porque la ciudadanía, harta de oír “sentido común” en boca de todo el mundo, ha decidido que ya solo confía en una encuesta y en la ironía como mecanismo de defensa.

La consulta más esperada

La pregunta sería sencilla, aunque moralmente devastadora: “¿Quiere usted que los políticos españoles hagan cuarentena en el crucero o que sigan viajando perdidos por el mar hasta que aprendan a coordinarse?”. Los sondeos prevén una participación masiva, sobre todo de gente que ya no soporta otra rueda de prensa con la palabra “transición” usada como si significara “seguir igual pero con más foco”.

Dos opciones, igual de inquietantes

La opción de la cuarentena tendría ventajas evidentes: control sanitario, aislamiento y, con suerte, menos comparecencias improvisadas. La opción marítima, en cambio, promete un espectáculo más libre: políticos de distintas siglas navegando en círculos, intentando pactar una ruta mientras discuten quién lleva el timón, quién tiene la culpa y quién ha filtrado el mapa.

El barco como laboratorio

El MV Hondius 2 se convertiría así en una especie de laboratorio social con buffet, altavoces y una comisión de crisis permanente. A bordo habría una mesa para la negociación, otra para la comunicación institucional y una tercera para esconderse cuando lleguen las preguntas incómodas, que en este país es casi todas. Si alguien pide una rueda de prensa, la tripulación responderá con una sonrisa de manual y un desfibrilador emocional.

La campaña del sí y del no

Los partidarios de la cuarentena sostienen que encerrar a los políticos en un crucero facilitaría la convivencia y reduciría el ruido ambiental del país. Los defensores del “que sigan navegando” argumentan que, al menos, así tendrían tiempo para encontrar un rumbo, aunque sea por accidente y con mapas dibujados por un becario vengativo. En ambos casos, la población gana el mismo premio: distancia prudencial.

Moraleja absurda

Como diría Ana Mata: “Cuando no sabes si aislar el problema o tirarlo al mar, haz una encuesta y deja que la democracia practique apnea”.


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